DE ALMACENAR
CONOCIMIENTO A
SER CAPACES DE
OBTENERLO:
APRENDIENDO EN LOS NUEVOS ENTORNOS
MEDIÁTICOS
LA CAPACIDAD DE OBTENER CONOCIMIENTO
(«KNOWLEDGE-ABLE»)
La mayoría de las aulas universitarias han experimentado una profunda
transformación en los últimos diez años. No me refiero a las numerosas
iniciativas para dotarse de pantallas de plasma, asientos móviles, mesas
redondas o pizarras digitales. El cambio es más imperceptible, aunque su
capacidad transformadora es muy significativa. Como escribí recientemente
en el Britannica Online Forum:
Algo se masca en el ambiente: se trata, nada más y nada menos, de los
aparatos digitales de más de mil millones de personas, y de los ordenadores
conectados entre sí y que generan más de 2.000 gigabytes de información
nueva por segundo. Aunque la mayoría de las aulas se construyeron
cuando se suponía que la información era escasa y difícil de encontrar, hoy
en día casi la totalidad del conocimiento humano fluye a través y alrededor
de estas salas, disponible gracias a ordenadores portátiles, teléfonos
móviles e iPods. Las aulas que se erigieron para facilitar la transmisión de
los conocimientos magistrales del profesor se ven ahora envueltas en una
nube de información digital omnipresente en la que el conocimiento se
genera, no se encuentra, y la autoridad se negocia continuamente mediante
el diálogo y la participación (1).
Este nuevo entorno mediático puede ser inmensamente disruptivo para los
métodos y las filosofías pedagógicas actuales. Al internarnos progresivamente
en un contexto de información instantánea e infinita, se reduce la importancia
de que los estudiantes conozcan, memoricen o recuerden información, y cobra
relevancia su habilidad para encontrar, clasificar, analizar, compartir, debatir,
criticar y crear información. Han de pasar de almacenar conocimiento a ser
capaces de obtenerlo.
155
En este momento, la cantidad total de información presente en nuestro
entorno es asombrosa, pero lo que es más importante, la información digital
interconectada es además cualitativamente diferente de la información en
otros formatos. Se puede crear, gestionar, leer, criticar y organizar de manera
muy distinta la información en papel y adoptar formas que ni siquiera
imaginamos. Para entender el verdadero potencial de esta “revolución
informativa” sobre la educación superior, es imprescindible ir más allá del
marco conceptual de la “información”. Porque en la esencia de esta “revolución
informativa” residen nuevas maneras de relacionarse unos con otros, de
conversar, de interactuar, nuevos tipos de grupos y nuevas maneras de
compartir, intercambiar y colaborar. Wikis, blogs, etiquetado, redes sociales
y otros avances de la tan en boga Web 2.0 son especialmente prometedores
en este sentido porque están impulsados por la voluntad de interactividad,
participación y colaboración. Es esta “esencia” de la Web 2.0 la que es
importante para la educación. La tecnología es secundaria. Se trata de una
revolución social, no tecnológica y su aspecto más revolucionario podría
ser la manera en la que nos proporciona herramientas para replantearnos
la educación y la relación profesor-alumno en una variedad casi infinita de
posibilidades.
ESTRUCTURAS FÍSICAS, SOCIALES Y COGNITIVAS
QUE SE NOS VUELVEN EN CONTRA
Pero muchas estructuras se nos vuelven en contra. Las estructuras físicas
son previas a la era de la información infinita, las estructuras sociales
se establecieron para servir a propósitos diferentes de los actuales, y las
estructuras cognitivas que hemos ido desarrollando intentan adaptarse a las
posibilidades emergentes.
Las estructuras físicas son más fáciles de identificar, y ocupan un lugar
destacado en cualquier gran aula provista de “tecnología punta”. Filas de
asientos fijos se enfrentan a menudo a una tarima que alberga un ordenador
desde el cual el profesor controla al menos 786.432 puntos de luz en una
pantalla gigante. Butacas de estadio, paneles de insonorización y otras
tecnologías acústicas están diseñadas para que se fije la máxima atención
sobre el profesor al frente de la sala. El “mensaje” de este entorno es que
aprender es adquirir información, que la información es escasa y difícil de
encontrar (por eso acudes al aula, para obtenerla), que deberías confiar en la
156
autoridad para adquirir una buena información, y que la información correcta
está fuera de toda discusión (por eso los asientos no se mueven ni se giran).
En resumidas cuentas, incita a los estudiantes a confiar en la autoridad y
dejarse llevar.
Muy pocos docentes estarían de acuerdo con este mensaje y, de hecho, hay
quien utiliza el aula para lanzar enérgicos ataques en contra. Pero el contenido
de tales charlas se ve eclipsado por las horas y horas y días y días de estar
sentados escuchando la información de la autoridad y regurgitándola en los
exámenes.
Parte del profesorado desea subvertir el sistema, pero varias estructuras
sociales se les vuelven en contra. Los experimentos radicales en la enseñanza
no ofrecen garantías e incluso menos recompensas en la mayoría de sistemas
de consolidación y promoción profesional, aunque tengan éxito. En muchos
casos, a los docentes se les exige que evalúen a sus estudiantes de manera
estandarizada para satisfacer los requerimientos del currículum. No hay nada
más fácil de evaluar que la información memorizada en exámenes de opciones
múltiples, y los resultados numéricos concisos y “objetivos” satisfacen a los
miembros de comités ocupados con su propia enseñanza e investigación.
Incluso en situaciones en las que existe voluntad de exploración y libertad, en
las que los docentes pueden trabajar libremente sin límites físicos y sociales,
nuestros hábitos cognitivos a menudo suponen un escollo. Marshall McLuhan
lo llamaba “el efecto retrovisor”, apuntando que: “Observamos el mundo a
través de un espejo retrovisor. Avanzamos marcha atrás hacia el futuro” (2).
La mayoría de nuestras asunciones sobre la información están basadas
en las características de la información en papel. En papel, percibimos la
información como una “cosa” con forma material, y hemos creado complejas
jerarquías para clasificar cada pedazo de información en el lugar que le
corresponde por lógica. Pero como han demostrado David Weinberger y Clay
Shirky, la información digital interconectada es fundamentalmente diferente
de la información en papel (3). Y cada innovación digital parece liberarnos de
una asunción que dábamos por hecha.
Incluso algo tan simple como el hipervínculo nos ha enseñado que la
información puede estar en más de un sitio a la vez, lo que desafía la idea de
información basada en el tradicional eje espacio-temporal como una “cosa”
157
que tiene que estar “en un lugar”. Google utilizó los vínculos y revolucionó
nuestra forma de investigar con un potente buscador automático.
Aparecieron los blogs y nos enseñaron que cualquiera puede ser un creador
de información. De repente, cualquiera puede crear un blog en cuestión de
segundos. Y la gente ha reaccionado. Technorati registra ahora más de 133
millones de blogs, casi 133 millones más que hace solo cinco años. YouTube
y otros sitios para compartir vídeos han suscitado una participación similar
en la producción de vídeos. Más de 10.000 horas de grabaciones se suben
diariamente. En los últimos seis meses, se ha subido más material a YouTube
que la suma de todo el contenido emitido por las principales cadenas de
televisión. Mientras que estos medios demandan participación, las aulas
siguen enviando el mensaje de “déjate llevar”.
La Wikipedia nos ha enseñado otra lección, que un entorno de información
interconectado permite trabajar conjuntamente de nuevas formas para crear
información que puede competir con (e incluso superar) el contenido de los
expertos en casi todos sus aspectos. El mensaje de Wikipedia no es “confía
en la autoridad” sino “explora la autoridad”. La información autorizada
también se puede discutir en Wikipedia, la información se autoriza mediante
la discusión, y esta discusión está disponible para que el mundo la contemple
e incluso participe. Esta cultura de la discusión y la participación está
disponible en estos momentos en cualquier sitio web con una “segunda capa”
emergente de la web mediante aplicaciones como Diigo, que permite añadir
comentarios y etiquetas a cualquier otra página web.
Y al comentar y etiquetar estos sitios los organizamos colectivamente, y
por tanto la noción de que este nuevo entorno mediático es demasiado
grande y desorganizado como para que nadie encuentre nada provechoso
ni relevante simplemente no es cierta. La antigua presuposición de
que la información es difícil de encontrar se ha superado mediante la
comprensión de que si configuramos con efectividad una red digital híperpersonalizada,
la información nos encontrará a nosotros. Por ejemplo, he
configurado mi propio portal Netvibes para que en el momento en el que
alguien, en cualquier parte, etiquete algo con ciertas palabras clave que me
interesen, reciba inmediatamente un enlace al artículo. Es como trabajar
continuamente con miles de colegas investigadores de todo el mundo. En
conjunto, este nuevo entorno mediático demuestra que la idea de aprender
entendida como adquirir información ya no es un mensaje defendible ante
158
nuestros estudiantes, y que es necesario empezar a rediseñar los entornos de
aprendizaje para dirigir, impulsar y aprovechar el nuevo entorno mediático
que invade en este momento nuestras aulas.
UNA CRISIS DE SIGNIFICADO
Por desgracia, muchos docentes solo perciben los aspectos perjudiciales de
estas tecnologías cuando descubren a sus alumnos en Facebook, escribiendo
SMS, usando la mensajería instantánea o comprando durante las clases.
Aunque muchos culpan a la tecnología, estas actividades son solo nuevas
formas de desconectar, parte de un problema mucho mayor que llamo “la
crisis de significado”, el hecho de que actualmente a muchos estudiantes les
cuesta encontrar sentido y significado a su educación (4).
No sacaremos nada bueno de estas tecnologías si previamente no arrostramos
la crisis de significado y devolvemos a la educación su relevancia. En cierto
modo, estas tecnologías actúan como amplificadores. Si no conseguimos
solucionar la crisis de significado, las tecnologías solo aumentarán el
problema, porque los estudiantes se desconectarán aún más fácilmente
y del todo. Al tener acceso absoluto y constante a su red completa de
amigos, podríamos igualmente entrar en la cafetería de las organizaciones
de estudiantes e intentar llamar su atención. Por otro lado, si trabajamos
con estudiantes para identificar y solucionar problemas que son reales
y significativos para ellos, pueden potenciar un entorno de información
interconectada de manera que les sirva para alcanzar la capacidad de obtener
información (“knowledge-ability”) que deseamos que adquieran.
Hemos puesto patas arriba los porqué, cómo y qué, centrándonos demasiado
en qué debería aprenderse, después en el cómo, olvidando a menudo y
completamente el porqué. En un mundo de información casi infinita, primero
tenemos que centrarnos en el porqué, posibilitar el cómo y dejar que el qué
se genere de forma natural a partir de ahí. Como la información infinita nos
aleja de un enfoque centrado en la información, comenzamos a reconocer la
importancia de la forma de aprender frente al contenido del aprendizaje. No se
trata de que el contenido no sea importante; sino simplemente de que no debe
primar sobre la forma. Pero incluso si desplazamos la atención al cómo del
aprendizaje, todavía queda la cuestión del qué tiene que aprenderse. Después de
todo, los cursos tienen que tratar acerca de algo. Normalmente, se organizan en
159
torno a “materias”. Postman y Weingartner destacan que la noción de “materia”
tiene el efecto adverso de dejar claro a los estudiantes que “Inglés no es Historia
e Historia no es Ciencia y Ciencia no es Arte… y una materia es algo que cursas
y, cuando lo has hecho, ya la has tenido”. Siempre conscientes de las metáforas
ocultas que subyacen en nuestras presunciones más básicas, sugieren que esto
se llame “la Teoría de la Vacuna de la Educación” ya que los estudiantes tienden
a creer que una vez que han “tenido” una asignatura están inmunizados y no
tienen que volver sobre ella (5).
EN VEZ DE ASIGNATURAS, SUBJETIVIDADES
Como alternativa, me gustaría pensar que no estamos impartiendo materias
sino subjetividades: maneras de abordar, entender e interactuar con el mundo.
Las subjetividades no se pueden enseñar. Implican una lucha intelectual
introspectiva en la mente de los estudiantes. Aprender una nueva subjetividad
a menudo es doloroso porque casi siempre implica lo que el psicólogo Thomas
Szasz define como “un daño a la autoestima” (6). Hay que desaprender
nociones que podrían haberse vuelto esenciales para entenderse a uno mismo.
Para ilustrar lo que entiendo por subjetividad en lugar de materias, he creado
una lista de subjetividades que intento que los estudiantes hayan adquirido
cuando aprenden la “materia” de antropología:
- Nuestra visión del mundo no es innata ni incuestionable sino específica,
cultural e históricamente.
- Estamos globalmente interconectados de maneras de las que a menudo no
somos conscientes.
- Diferentes aspectos de nuestras vidas y cultura están conectados y afectan
profundamente a unos y otros.
- Nuestro conocimiento siempre es incompleto y está abierto a la revisión.
- Creamos nuestro propio mundo.
- La participación en el mundo no es una elección, sí lo es la manera en la que
participamos.
160
Incluso un análisis rápido de estas subjetividades revelará que solo se pueden
aprender, investigar y adoptar mediante la práctica. No podemos “enseñarlas”.
Solo podemos generar entornos en los que las prácticas y perspectivas se
estimulen, potencien o inspiren (y por tanto se practiquen continuamente).
Mis experimentos en este sentido han conducido a la creación de la
Simulación del Mundo, en estos momentos el eje central de mi curso de
Introducción a la Antropología Cultural en la Kansas State University. Como
su nombre indica, la Simulación del Mundo es una actividad con la que
intentamos simular el mundo. Por supuesto, para hacerlo es imprescindible
conocer lo más posible sobre él. Por tanto, aunque se ha organizado como el
típico curso de antropología cultural, abarcando la mismas lecturas y temas,
todos estos conocimientos se centran, en última instancia, en una gran
pregunta, “¿cómo funciona el mundo?”
Los estudiantes son co-creadores de todos los aspectos de la simulación,
y se les pide que utilicen y aprovechen el nuevo entorno mediático para
encontrar información, teorías y herramientas que les ayuden a contestar
a nuestra gran pregunta. Cada uno de los estudiantes desempeña un papel
específico y tiene una pericia concreta que desarrollar. En clase se superpone
un mapa del mundo y a cada estudiante se le pide que se convierta en un
experto en un aspecto específico de la región en la que se encuentren. Con
este conocimiento, trabajan en 15-20 pequeños grupos para crear culturas
realistas, paso a paso, mientras repasamos todos los aspectos de la cultura
en clase. Esto les permite aplicar los conocimientos que han aprendido en
el curso y reconocer la manera en la que diferentes aspectos de la cultura
–económico, social, político, las prácticas religiosas y las instituciones– se
integran en un sistema cultural.
Las últimas semanas del curso exploramos cómo están conectadas las
diferentes culturas mundiales y su interdependencia. Los estudiantes
continúan utilizando y aprovechando el nuevo entorno mediático para
aprender más sobre estas interconexiones, y se sirven de un wiki para trabajar
conjuntamente creando la “normativa” de la simulación. Se enfrentan a
la imponente tarea de crear una manera de simular la colonización, la
revolución, la emergencia de una economía global, la guerra y la diplomacia y
los desafíos medioambientales. Entre tanto, analizan algunos de los retos más
importantes a los que se enfrenta en este momento la humanidad.
161
La Simulación del Mundo solo dura 75-100 minutos y abarca 650 años
metafóricos, de 1450 a 2100. Los estudiantes la graban con veinte cámaras
de vídeo digitales y la editan en una “historia del mundo” final con imágenes
de archivo de la historia real del mundo para ilustrar las correspondencias.
Vemos juntos el vídeo las últimas semanas de clase, para que sirva de
catalizador de un debate para observar nuestro mundo y el papel que
desempeñaremos en su futuro. Para entonces será como si tuviéramos el
mundo entero ante nuestros ojos en un aula –profundas diferencias culturales,
profundas diferencias económicas, profundos retos futuros y una sola
humanidad. Nos convertimos no solo en co-creadores de la simulación, sino
también como co-creadores del propio mundo, y el futuro está en nuestras
manos (7).
Gestionar un entorno de aprendizaje como este plantea desafíos únicos,
pero hay una técnica sencilla que hace que todo encaje: ama y respeta a tus
estudiantes y ellos te amarán y respetarán. Si se palpa la sensación de confianza
y respeto que esto genera, los estudiantes se darán cuenta rápidamente de
la importancia de su papel como creadores del entorno de aprendizaje y
empezarán a asumir la responsabilidad de su propia educación.
NUEVOS MODELOS DE EVALUACIÓN PARA NUEVOS ENTORNOS MEDIÁTICOS: LA PRÓXIMA FRONTERA
Todo esto altera los criterios tradicionales de evaluación y calificación. Esta es
la próxima frontera que tenemos que abordar al intentar transformar nuestros
entornos de aprendizaje. Cuando converso francamente con profesores
de todo el mundo, descubro que, como yo, a menudo aplican de manera
provisional antiguas herramientas de evaluación a las nuevas necesidades que
ha traído consigo un mundo de información infinita. El contenido ya no es
el rey, pero muchas de nuestras herramientas se han utilizado comúnmente
para medir la memorización de los contenidos. Por ejemplo, a menudo me
descubro escribiendo preguntas de varias opciones basadas en el contenido
esperando que indiquen que el estudiante ha adquirido una nueva subjetividad
o perspectiva. Por supuesto, los resultados no son satisfactorios. Y lo que es
más importante, estas preguntas exigen a los estudiantes una ingente cantidad
de energía mental para memorizar contenidos en vez de ejercitar una nueva
perspectiva en busca de cuestiones reales y relevantes.
162
Sin duda, las preguntas de múltiples opciones son blanco fácil de las críticas,
pero medidas incluso más sofisticadas de desarrollo cognitivo pueden no
reflejar lo esencial. Cuando observas a alguien que verdaderamente está
“implicado”, alguien que se ha entregado totalmente al proceso de aprendizaje,
o simplemente recuerdas los momentos en los que tú mismo has estado
“implicado”, reconoces inmediatamente que aprender va más allá de esa
mera dimensión cognitiva. Muchas de estas dimensiones se mencionaron
en el número del sumario, “como las dimensiones emocional y afectiva, las
capacidades de asumir riesgos y la incertidumbre, creatividad e inventiva,” y la
lista continúa. ¿Cómo las evaluamos? No tengo las respuestas, pero la creación
de entornos auténticos de aprendizaje que potencien el nuevo contexto
mediático exige que lo acometamos con una dedicación renovada y enérgica.
El nuevo entorno mediático nos proporciona nuevas oportunidades para
crear una comunidad de aprendices con nuestros estudiantes en busca de
preguntas importantes y significativas. Las mejores preguntas abundan y
volvemos a ser estudiantes, a la caza de preguntas que nunca habríamos
imaginado, disfrutando aprendiendo unos de otros. En el mejor de los
casos, los estudiantes acabarán el curso no con respuestas sino con más
preguntas, y lo que es incluso más importante, con la capacidad de plantear
aún más preguntas generadas por la búsqueda continua y la práctica de las
subjetividades que esperamos inspirar. Es lo que he llamado en otra parte
“anti-enseñanza”, que no se centra en proporcionar respuestas que memorizar,
sino en crear un entorno de aprendizaje más apropiado para generar el tipo de
preguntas que plantear a los estudiantes para que cuestionen las presunciones
que se dan por sentadas y observen sus propios sesgos subyacentes.
El momento actual es hermoso porque los nuevos medios nos han sumido
a los educadores en esta especie de entorno de pregunta-cuestionamiento,
enfoque-ruptura, asunción-exposición. No hay respuestas fáciles, pero al
menos podemos estar agradecidos por las preguntas que nos hacen avanzar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario